Autorretrato: Emilio López

Autorretrato: Emilio López

Emilio López (1993). Soy Licenciado en Artes Audiovisuales de la Universidad Nacional de La Plata. Guionista, director, productor y fotógrafo de films en formato Súper 8 y digital con mi sello audiovisual “El Mito del Dip” cuyo enfoque es el cine de género. Coordino talleres sobre cine de horror en formato Súper 8 en las ciudades de Rosario, Buenos Aires y El Bolsón.

Actualmente desarrollo mi ópera prima, El Familiar, un largometraje de terror seleccionado en el Concurso de Desarrollo Raymundo Gleyzer 2025 y participante de Blood Window Lab – Ventana Sur 2024, donde obtuvo el premio FantasoLab y Fantástica Audiovisual para asesoría de guión. Mi primer cortometraje de terror, En la piel del Familiar (2022), ganó como mejor cortometraje en el Festival de Cine Latinoamericano FESAALP. También participó en la 16° Edición del TALENTS BA y fue seleccionado en los festivales Buenos Aires Rojo Sangre, Terror Molins, Santiago Horror, Insólito, Horror en Banfield, SCI-FI Floripa, ETREUM, entre otros. También trabajé como Director de Fotografía en los films “Quemado” (2022), ganador en el Festival Internacional de Cine Silente de México y “superm” (2019), ganador a mejor documental en el Festival Internacional de Vitacura, ambos cortometrajes filmados en Súper 8. 

Primer Taller S8 de Terror en El Bolsón

Comencé a dictar los talleres de Terror en Súper 8 en el Festival Artístico Audiovisual (FAA), celebrado en la Universidad Nacional de Río Negro, en El Bolsón, en 2021. En esa oportunidad, viajé junto a mi amigo Dopamina (Rebis FX), quien también participaba en el festival con un taller de efectos especiales. Decidimos unir ambos espacios en una práctica final conjunta: la realización de un cortometraje en Súper 8, filmado en los bosques de Lago Puelo, una zona afectada por incendios forestales recurrentes. La propuesta buscaba generar imágenes que reflejaran las problemáticas ambientales de la región, donde la deforestación anual compromete seriamente la vida de muchas comunidades del sur del país. 

La metodología del taller se planteó desde el inicio como una práctica grupal en forma de cadáver exquisito, con el objetivo de realizar un cortometraje de terror en soporte fílmico. Cada estudiante filmaba su segmento en orden, proponiendo imágenes que aludieran al conflicto ambiental, siempre desde una perspectiva siniestra y/o experimental. Debido a las dificultades de trabajar únicamente con luz natural, durante el primer día de rodaje pudimos grabar apenas la primera mitad del rollo, en la que presentamos a dos personajes fantásticos: un conejo antropomorfo y un ‘quemado’ que deambulaban entre los bosques incendiados de Lago Puelo.

El rodaje continuó al día siguiente, donde el azar se transformó en una propuesta creativa única. Mientras nos encontrábamos en las aulas de la universidad en El Bolsón, pensando cómo continuar la historia, comenzamos a escuchar bombos resonando en las cercanías. Al salir del edificio, descubrimos una colorida comparsa norteña, cuyos bailarines llevaban hombreras adornadas con cabezas de lobos diabólicos. Nos pareció una imagen sumamente atractiva para integrar al cortometraje, y buscamos establecer una conexión narrativa con lo que habíamos filmado el día anterior en el bosque.

Finalmente, al ver el material revelado, nos encontramos con una obra que hibrida lo experimental, lo fantástico, el terror y los paisajes sureños, logrando un corto inquietante y singular. Una vez finalizada la edición de imagen y de la banda sonora, comenzamos a enviar el cortometraje a festivales, con la fortuna de obtener el premio en el Festival Internacional de Cine Silente de México.

La Triada Súper 8 en Rosario

En 2023 retomé la idea de los talleres de terror en Súper 8, pero esta vez me propuse llevarla adelante en mi ciudad de origen, Rosario, con la intención de reconectar con Videoteca, el local que me acercó al cine de autor y a las grandes películas clásicas. Fue también una oportunidad para ayudar a Videoteca a atraer público, ya que era uno de los últimos videoclubs activos de la ciudad.

Hablé con Fabián Del Pozo, dueño de Videoteca, quien, junto a Gustavo Galuppo, atendía el local. A ambos les pareció una buena idea aprovechar el espacio con fines pedagógicos ligados al cine analógico. Así fue como, a comienzos de ese año, dicté mi primer taller en Rosario, con un grupo de diez estudiantes. Entre ellos había cineastas, estudiantes de antropología, ingeniería, FX y artes plásticas.

La metodología iba a ser la misma que en la ocasión anterior: realizar un cortometraje de forma colectiva, a modo de cadáver exquisito. Las altas temperaturas del verano rosarino fueron el disparador para definir el tema del proyecto. El grupo decidió contar la historia de una joven a la que el calor vuelve loca, al punto de asesinar a una persona en plena calle. Paralelamente, se desarrollan pequeñas escenas protagonizadas por otros personajes, que se relacionan con el calor desde una lógica surrealista y también algo bizarra.

Al finalizar el taller, y al ver cómo los estudiantes disfrutaron la experiencia de filmar en analógico un pequeño corto de terror experimental, regresé a Videoteca para realizar dos talleres más. En el segundo, nos detuvimos especialmente en el concepto del Doppelgänger, este doble maligno o espíritu que anuncia la muerte. A partir de allí surgió la historia de un monstruo que emerge del río Paraná con el deseo de perseguir su propia sombra. Ella lo conduce por distintos rincones de la ciudad hasta llegar al Cementerio El Salvador, donde finalmente logra atraparla. Pero al descubrir un rostro espejado y verse reflejado, el monstruo muere abrazado a la estatua de un mausoleo.

En el último taller trabajamos con una propuesta más sangrienta y violenta. En ese momento la ciudad atravesaba hechos de violencia narco, y no podíamos dejar de hablar de lo que estaba ocurriendo. Además, eran meses de campaña electoral, y surgió la idea de presentar a un autómata como candidato en una ciudad sumida en la brutalidad. Fue la primera vez que utilizamos varios litros de sangre falsa; también recurrimos a imágenes provocativas, como secuestros, la muerte de inocentes y la presencia de una secta que controla tanto a la ciudad como al propio candidato, un robot rabioso.

Estos tres cortometrajes me ayudaron a comprender que el taller no era solo un espacio de formación, sino también un medio para que artistas de distintas disciplinas construyeran una obra colectiva, con la intención de abordar ciertas problemáticas o sensibilidades desde una mirada terrorífica.

Los Talleres en CABA

Luego de la hermosa experiencia de filmar en Rosario, decidí llevar los talleres a Buenos Aires. Desde mediados de 2023 hasta hoy llevo producidos ocho cortometrajes de distintas temáticas, aunque todos enmarcados dentro de los códigos del cine de terror. Recién en los primeros talleres de 2024 las producciones comenzaron a dejar atrás el tono experimental —aunque, de por sí, el modo de producción de estas obras implica siempre una práctica experimental— para orientarse hacia una narración más clásica, con personajes y conflictos claramente definidos. 

En los primeros tres talleres ya podía vislumbrar un horizonte propicio para que el género se adaptara a un relato dentro de los límites temporales que ofrece el formato Súper 8, filmado en una única toma con montaje en cámara. Las historias que se gestaban en las reuniones grupales con los estudiantes ya se concebían con una estructura aristotélica, y su escritura se plasmaba en un guión técnico al que todos tenían acceso para seguir de cerca el proceso creativo. Esta organización daba sentido y forma a las ideas, permitiendo que los participantes debatieran sobre las escenas en desarrollo y las distintas acciones dramáticas que se iban proponiendo.

Así nacieron los primeros tres cortometrajes realizados en Capital Federal: muy distintos entre sí, pero unidos por el mismo entusiasmo de producir imágenes tanto terroríficas como bizarras. El primero giraba en torno a un hombre lobo algo deprimido (aunque el gesto inmóvil de la máscara de látex no lo revelara), que emprendía un viaje por las calles del microcentro en busca de alguien que le vendiera un órgano por un puñado de dólares, un tema en agenda ese año tras las declaraciones de Milei durante la campaña electoral. Una vez que lograba comprar la carne humana, el hombre lobo se alejaba de la ciudad para comer tranquilo entre los árboles de la reserva natural de Ciudad Universitaria.

El segundo cortometraje apostó por un tono más gore y diabólico. Nuestro referente fue Tetsuo: The Iron Man de Shinya Tsukamoto, ya que uno de los estudiantes trabajaba con metales y realizaba piezas de orfebrería con un estilo ciberpunk/sado. Esto motivó al grupo a crear una historia sobre un diablo que atacaba a un oficinista en pleno barrio de Liniers, colocándole piezas de metal en el cuerpo hasta transformarlo en un monstruo.

En el tercer cortometraje nos adentramos en la temática vampírica, realizando una adaptación muy libre de Carmilla, de Sheridan Le Fanu. El escenario fue un hospital psiquiátrico abandonado al que tuvo acceso una de las estudiantes, y ese espacio se convirtió en el motor que impulsó al equipo a filmar allí. Su atmósfera resultaba propicia para experimentar con una iluminación de claroscuros y el espacio nos remitía directamente al expresionismo alemán y a su arquitectura gótica.

A partir del cuarto taller en Buenos Aires —más precisamente en mi departamento del barrio de Villa Luro— las cosas comenzaron a madurar y a adquirir un estilo más definido. El disparador para esta nueva ficción fueron los zombis. Empezamos a debatir con el grupo qué podíamos contar, luego de revisar los orígenes del término, proveniente de la cultura africana, que alude a los brujos que se apropiaban de cuerpos sin vida, en una clara referencia a la esclavitud y al proceso de colonización que sufrió el continente.

Durante el brainstorming, una de las estudiantes elaboró una larga lista con diferentes tipos de zombis, y el que más resonó fue el de los “zombis delivery”. A partir de esa idea decidimos desarrollar la historia de unos zombis controlados por un mago, a través de su celular, para realizar entregas sin descanso alguno, en alusión a la explotación laboral que padecen muchas personas que trabajan en plataformas como Pedidos Ya o Rappi. Finalmente, los zombis se rebelan contra el mago que los controla, en una escena gore propia de una película clase Z.

Bautizamos al cortometraje Zombie Ya, y fue el primero de todos los talleres en estrenarse en el Festival Buenos Aires Rojo Sangre. Además, obtuvo el premio a mejor cortometraje en el Festival Super Off de Brasil, participó en Nieve Roja, Curta8 Festival Internacional de Cinema Súper 8, Festival Internacional de cine de Terror Visceral, entre otros.

La buena recepción de los talleres me llevó, en este año 2025, a realizar cuatro cortometrajes más de diferentes temáticas. Entre ellos, dos pertenecen al subgénero slasher y los otros dos exploran el universo de las sectas. Todos los estudiantes que completaron el taller se llevaron una grata experiencia al participar en la realización de un cortometraje de terror en formato Súper 8.

En cuanto a mi experiencia, no dejo de sorprenderme por los resultados que ha dado este espacio que fui construyendo a lo largo de los años. A través de él pude experimentar con el formato Súper 8 desde la docencia, y al mismo tiempo producir obras que se inscriben dentro de los códigos del cine de terror. Aunque este género no suele tener presencia en los circuitos del formato casero, encontré en el Súper 8 una herramienta libre y accesible para explorar lo siniestro, lo grotesco y lo fantástico junto a otras personas que comparten la misma curiosidad por filmar.

Realizar estos cortometrajes de terror se convirtió no solo en una forma de enseñanza, sino también en una pasión que me recuerda por qué empecé a hacer cine: para disfrutar del proceso creativo, del juego colectivo y de la emoción de dar vida a lo monstruoso.


Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *