Eduardo Vecchio (1947-2024), cineasta oriundo de Zárate, fue una figura clave cuya obra pionera trasciende sus películas para impulsar y consolidar un movimiento amateur de prácticas cinematográficas en los ámbitos local, regional y nacional.
Su legado, expresado principalmente a través de sus películas, constituye un pilar esencial de la identidad socio urbana y de la memoria audiovisual local. A lo largo de su carrera, recibió premios en los circuitos del cine de paso reducido, movimiento en el que participó con gran intensidad tanto como realizador como promotor. Fue fundador y presidente del Círculo Cinematográfico Zárate (CCZ), entidad que presidió durante su etapa de mayor actividad.
Ante todo, Eduardo Vecchio fue una rara avis, un artesano sensible, paciente y riguroso
Su filmografía como realizador en formato super 8, consta de alrededor de 20 cortometrajes, entre 1972 a 1989, entre las que cabe mencionar: Un gigante llamado complejo (documental), mención especial Certamen internacional de La Plata (1972); El circulo vicioso (Argumental), 3er premio Internacional- La Plata (1973); La mercancía, 1977, 1er premio Festival de Rosario, 3er permio certamen La Plata, 1er premio Municipalidad de Zárate, primera mención Baladona, España; Sueño de lustrabotas- Mención especial al mejor cortometraje Festival de San Sebastián, 1981; La hipocresía (1985), Finalista premio Georger Neliés (Embajada de Francia); Homo mediocris (experimental)- Ganador Semana Baires 1987, Teatro General San Martin; El hombre del fin de semana (1989), Finalista Premio George Meliés, entre otras.
Si bien no pretendemos agotar el análisis formal de sus filmes, su obra se caracteriza por compensar la simplicidad artesanal y autodidacta del montaje mediante una edición atractiva y expresiva. Aunque la base técnica sea sencilla, su uso creativo del color y la iluminación permite construir cuadros con profundidad y atmósferas urbanas cargadas de expresión, lo que confiere a su obra rasgos de una poética visual distintiva.
Retomando la porosa criba de distinción de géneros en los certámenes de Super 8, en el género argumental desarrolló un estilo depurado de crónica costumbrista, marcado por un tono crítico, aunque moderado. Existen ciertas continuidades temáticas que pueden ofrecer una perspectiva de su obra. Historias de varones que buscan acumular dinero por vías rápidas, mostrando umbrales de marginalidad por medio del juego, la compra y venta de infantes, los abusos de poder de la política, del robo y el crimen (El circulo vicioso, La mercancía, La hipocresía, El plan perfecto). Una forma más abierta de crítica social se encuentra en el retrato de las contradicciones, vaivenes – y también los micro fascismos y la violencia- del “medio pelo argentino”, en la experimental Homo mediocris (1987). Este filme es un patchwork de animación y fotomontaje donde Vecchio abre la trama mínima del relato a una decidida voluntad experimental y algo escandalizadora, a tono con la predica de ampliación de libertades en la creación artística propia de la larga transición democrática de la década del 80.
Otros filmes, sin perder el realismo de base se recubren de una mayor atmósfera onírica y existencial, abocándose al velado mundo de la imaginación erótica femenina y sus secretos (Soledades, El hombre del fin de semana), donde se evidencia un diálogo con parte de la filmografía del también zarateño director Raúl de la Torre. Así y todo, Vecchio declaraba que Leonardo Favio era su director preferido. Pequeñas claves favianas (importancia de luz y color para generar ambientes de ensueño y nostalgia, con escenas que pueden ser muy pictóricas, personajes humildes en su entorno, uso de músicas emocionalmente potentes) pueden encontrarse diseminadas – de manera tenue pero legible- en su filmografía.


Cabe destacar en esta serie, el bellísimo documental “Ochenta Películas en busca de un trofeo” (1981), testimonio audiovisual del 1er Concurso Nacional de Cine No Profesional, Gran Premio “Charles Chaplin” organizado en dicho año por el Circulo Cinematográfico Zárate. La película recupera el contexto local del movimiento de cine de paso reducido, la intensidad especifica de los realizadores zarateños, la comunidad de ideas y los debates en torno a las condiciones de producción y exhibición del cine amateur.
Como campo dinámico de saberes técnicos y opciones estilísticas, el movimiento de cineastas de paso reducido promovió un abanico de debates que abarcaron desde la diferenciación entre cine amateur y cine comercial hasta la reflexión sobre la construcción social del hecho cinematográfico. Frecuentemente, se enarboló la bandera de un “auténtico arte grupal”, concepto que Vecchio vinculaba a la producción cinematográfica tradicional, pero que veía potenciado por las necesidades asociativas del cine independiente. En el número 35 de la revista Sin Cortes, el director zarateño Carlos Romagnoli explicaba este enfoque: “Discutamos nuestra idea genial, para que se pule y enriquezca con el aporte de todos aquellos que manejan mejor el tema (…) Organicemos cada parte de la película explotando a los ‘especialistas en su salsa’ —guion, cámara, iluminación, sonido, etc.—, pues ‘el hombre-orquesta’ no existe”.
Además, la actividad del CCZ gozaba a principios de la década del 80 de una particular explosión sinérgica. No sólo consolidaba un trabajo institucional y una red de relaciones audiovisuales a escala provincial y nacional, también dejaba su huella en la cultura impresa con el lanzamiento de la primer y única revista de cine amateur de Zárate, Prime Plano. Con una existencia de 6 números entre 1978 y 1981, la publicación abrevaba en conceptos de fotografía y cine, manejo de cámara de super 8, notas de interés y correspondencias e intercambios con otras asociaciones superochistas.
A pesar de algunos prejuicios iniciales por parte de la dirección de la revista porteña “Sin Cortes¨ sobre la labor desarrollada en Zárate, crecieron las referencias en el campo del cine amateur (Vecchio, Romagnoli, Ivanoff) lo que fue alentado la emergencia de nuevos realizadores en Zárate y Campana: Horacio Gallinat, Adelelmo Porticelli, el Grupo Erdosain compuesto por Armando Borgeaud, Osvaldo Croce y Miriam Montoni. Incluso el escritor, periodista, crítico y propalador de saberes cinéfilos, Gustavo Giorgi, emprendía en esos años una serie de ejercicios de cámara y un proyecto documental que quedó a medio producir. Cabe destacar los concursos de montaje en cámara- una auténtica escuela de Super 8- que también promovió el surgimiento de realizadoras mujeres (Mariam Puig, Antigüedades, 1980; Marilú Vecchio, Otoño ciudadano, 1979).

Dentro de este universo colaborativo, Eduardo Vecchio también destacó como responsable de montaje en Ritmo (1980) de Carlos Romagnoli, película que constituye una manifestación destacada del trabajo colectivo predicado por el CCZ. Además de la realización de Romagnoli, el filme contó con guion de José Coló, cámara de Gustavo Ivanoff, Iluminación de Valentino Faienza, y montaje de Eduardo Vecchio.
El filme apuesta por un cuidado trabajo en imagen, encuadre y movimiento de cámara (a cargo de Gustavo Ivanoff) un montaje narrativo y dinámico basado en el tempo impuesto por el ritmo de la banda sonora, pero también poético, por medio de saltos de planos en loop en una escena. Se crea un pulso sensorial fragmentario- pero también meditativo- de extrañeza, para dar luego paso a la secuencia final del film.
En septiembre de 1980, Eduardo Vecchio fue reconocido con la Mención Beaulieur Argentina al mejor montaje en el marco del X concurso internacional y XIV nacional de Cine Amateur de la República Argentina, organizado por la Peña Foto Cine 8mm La Plata. Este logro contribuyó, entre otros méritos, al inicio del reconocimiento generalizado a la película Ritmo, que la llevó a representar a Argentina en el festival Única (Unión internacional de cine amateur) en la edición de 1981 realizada en Hungría, donde obtuvo el tercer premio del jurado.

A modo de conclusión
Recuperar la figura de Eduardo Vecchio y su obra es fundamental para valorar no solo su contribución artística, sino también el significado del movimiento de cineastas de paso reducido como un espacio colectivo y transformador. Su trabajo refleja una manera de entender el cine desde la autonomía creativa y la colaboración, en un contexto social e institucional siempre difícil que desafió a los realizadores a sostener la diversidad y la vitalidad del cine amateur. Reconocer su legado es honrar una forma de hacer cine que conjuga pasión, técnica y compromiso comunitario, enriqueciendo así la memoria cultural y audiovisual.
Pablo Gallardo


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