Una proyección con música en vivo en Kinoclub, reveló sin saberlo, una copia olvidada de Pédicure par amour (1908), cortometraje del legendario cómico francés Max Linder, considerado perdido. El hallazgo fue confirmado por especialistas europeos y derivó en una visita al EYE FilmMuseum de Ámsterdam. Meses después, una nueva joya apareció en una copia en 8 mm: Les plaisirs du soldat (1907), también ausente de los archivos internacionales. Dos hallazgos únicos que reafirman el valor del coleccionismo y la exhibición alternativa como formas vitales de la preservación cinematográfica.


Hace unos años, en una función del Kinoclub, uno de los cineclubes que programo, proyecté en 16mm con música en vivo por Eugenia Limeses el cortometraje Pedicuro por amor, protagonizado por Max Linder. Se trata de una película de poco más de cuatro minutos que cuenta una serie de enredos basados en el engaño. Esta es la trama: mientras su esposo está en la oficina, la mujer llama al pedicuro para que atienda sus doloridos pies. El especialista llega a la casa para cumplir con su deber, al mismo tiempo que ingresa su amante, interpretado por Linder. El pedicuro es enviado a la cocina, y la pareja disfruta de su mutua compañía hasta que llega el marido. El joven galante se siente incómodo y sin saber qué hacer, hasta que descubre el traje del especialista e inmediatamente ofrece sus servicios. Ahora el amante es solicitado por todos los de la casa, incluyendo al cartero, un sirviente, el tendero, el cochero, y al fin, incapaz de soportar la tensión por más tiempo, nuestro falso pedicuro escapa por una ventana a la calle. Disfrutamos la función de esa noche sin saber que estábamos proyectando una película considerada perdida.
El cinéfilo alemán Georg Renken, biógrafo e investigador de la obra de Linder, una de las primeras estrellas del cine mundial, vio la función anunciada en el blog del cineclub y advirtió que la copia podía corresponder al film Pédicure par amour, realizado en 1908, que a menudo se confunde con la que el propio Linder filmó en 1914 titulada Max pédicure (Pathé 6488), de la que sí hay rastros y copias en archivos.

Hay registros de la versión original presentada por Max Linder personalmente en Madrid, y así lo reflejaba “El Heraldo de Madrid” del 8 de octubre de 1912: “Tal es la candorosa gracia de esta fábula, que el público halló muy de su gusto y aplaudió de buen grado. Las indiscretas ovaciones de la claque pusieron un momento en peligro el éxito de Max Linder. Conviene que esa claque del Gran Teatro aprenda á no entusiasmarse tan delirantemente cuando no hay motivo”.
Renken avisó a Catherine Cormon, destacada restauradora e investigadora de origen suizo y Jefa de Gestión de Colecciones del EYE FilmMuseum de Amsterdam, que se encontraba realizando un trabajo sobre la filmografía de Linder para la revista de investigación cinematográfica “1895”, publicada por la Association française de recherche sur l’histoire du cinéma (AFRHC), que luego se publicaría aumentada en el libro The Rise & Fall of Max Linder: The First Cinema Celebrity, escrito por Lisa Stein Haven (BearManor Media, Estados Unidos, 2021).
Cormon había revisado personalmente Max pédicure en la mesa de proyección de George Eastman House, en copia 16mm proveniente de la Cinémathèque Française. Según su investigación sólo había un registro lejano de la versión de Pédicure par amour en copia 35mm en el SODRE de Montevideo, de la que no se pudo chequear su existencia a la fecha. Por eso me escribió solicitándome más información sobre la copia proyectada en Buenos Aires. Para Renken, no había registros del film de 1908 en ningún archivo del mundo.

A partir de cotejar las imágenes que Cormon tenía de aquella versión de 1914, junto a la información que aportan códigos del positivo en 16mm, llegó a la conclusión de que la copia en mi poder correspondía a la de 1908. Pedicuro por amor, en castellano, y el sello de la casa productora “Pathé Frères” al comienzo y final del cortometraje, son los únicos títulos de la copia, que a partir de la información de los códigos impresos junto a las perforaciones, probablemente haya sido realizada a mediados de la década de 1950.
A los pocos meses de esta confirmación, y a raíz del contacto con Catherine Cormon, tuve la suerte de visitar el EYE FilmMuseum y recorrer con ella las instalaciones del Collection Centre, en Amsterdam Noord. El edificio, inaugurado a fines de 2016, conserva las más de 40 mil copias del archivo fílmico, excepto las de nitrato, que por ley están prohibidas en el ámbito urbano y se encuentran en un depósito especial en las afueras. Resulta asombroso ingresar a este paraíso de la conservación, con diferentes cámaras climatizadas en las mejores condiciones de temperatura y humedad, separadas según los distintos tipos de soportes y formatos fílmicos.
Allí gracias a Frank Roumen, Director de la Colección y del Departamento de Investigación del EYE, pude interiorizarme en el trabajo de preservación, conservación y restauración de films, la manipulación del material en sus diferentes momentos de clasificación, identificación y puesta en valor. Además, vi cómo realizan la catalogación e inventario de copias, conocí las salas en donde se lleva a cabo el proceso de escaneo digital, visité la colección bibliográfica, hemeroteca (en donde también hay ejemplares del Anuario de la ADF) y elementos relacionados al cine como cámaras, proyectores, linternas mágicas, fotos y posters. Por último, desde el Collection Center también se encargan del servicio de préstamo y circulación de copias para las exhibiciones en sus propias salas del edificio principal del Museo como a los festivales y cinematecas que las solicitan.

Toda esa experiencia, junto a una entrevista a Roumen y un recorrido por la colección del EYE con Cormon, resultó parte del documental Continuará… que codirigí junto a Fermín Rivera y se estrenó en agosto de 2024.
A mi regreso a Buenos Aires, y siguiendo en la búsqueda de Max Linder, di con otro cortometraje que se creía perdido: Max recluta, según el título en castellano de mi copia en 8mm. Fue nuevamente Georg Renken quien colaboró con el hallazgo, aportando valiosa información de sus registros y colecciones personales.
La película caricaturiza las situaciones que vivirá un aristócrata que se alista como voluntario en el ejército. Recibe un uniforme excesivamente grande, lo pelan al ras, se somete a una brutal revisión odontológica y en su afán por ser reconocido desobedece a sus superiores, por lo que es mandado a trabajar de mozo en una cena de generales y lustrar botas al establo. Finalmente, nuestro soldado abofetea con betún a un superior, y terminará sus peripecias en el calabozo.

El film había sido mencionado por el historiador y coleccionista argentino Pablo C. Ducrós-Hicken, que hoy da nombre al Museo del Cine de la Ciudad. “En ese tiempo Max Linder se iniciaba en los mismos estudios y Deed tuvo que secundarlo y compartir con él las situaciones cómicas de Max Linder recluta”, escribió sobre la dupla con otro actor francés cómico del momento, André Deed, en un artículo sobre éste último en el diario La Nación titulado “Historia argentina de Toribio Sánchez”, el 16 de enero de 1940.
No obstante, la copia sólo tiene el título en castellano, así como un par de intertítulos, y el gallo de Pathé al final. Sin el título original, y pese a que la noticia le pareció “emocionante” a Renken, había dudas sobre su fecha de producción.
La clave para descubrir que se trataba de Les plaisirs du soldat (1907), resultó la presencia de los “Pathé coqs” en varias escenas del corto. Se trata del típico gallo que identificaba a la productora, colocado como parte del decorado, casi como si fuera una actual “marca de agua”, en una práctica que se utilizaba para garantizar la autenticidad del film, y que se dejó de emplear alrededor de 1910. Otra confusión se daba porque en la página web de la Fondation Jérôme Seydoux-Pathé hay imágenes de esta película bajo el Soldat par amour, realizada en 1910. No obstante, queda claro que se trata de Les plaisirs du soldat, incluída en el catálogo estadounidense de Pathé, “Vistas e índice de películas”, del 1 de febrero de 1908.

“Los films que ofrecía Pathé a franco y medio el metro llegaban por docenas a Buenos Aires, y uno o dos films de Max se incluían de rigor en el programa dominical del viejo cine Opera, del Buckingham o del Cinematógrafo Nacional”, señalaba Ducrós-Hicken en otro artículo, “Max Linder, le roi du rire”, publicado en La Nación el 16 de junio de 1940.
De Max recluta no se conoce que haya copias en cinematecas, por lo que es otra película que se reencuentra. Cada película cuenta su propia historia, todas y cada copia tiene un bagaje, un recorrido propio que nos lo cuenta con sólo mirarlas y tocarlas. Como nos dijo Renken, que lamentablemente falleció a mediados de 2022, “se confirma, una vez más, que Argentina es el lugar en donde aparecen las películas perdidas”.
Emiliano Penelas (ADF)
Una versión de esta nota fue publicada originalmente en el Anuario ADF (Autores de Fotografía Cinematográfica Argentina) número 4, 2018.


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